Myriam Hernández: Hacer lo que se debe (por @marcelotreras)

 

Al menos un par de generaciones de artistas locales caraduras y ramplones lloriqueó y acusó orfandad cuando Don Francisco se marchó a Miami a fines de los 80. Myriam Hernández, prácticamente nacida en el espacio sabatino del animador, hizo lo que debía. Se alejó de la mediocridad del cover -la esencia del dudoso arte de aquel elenco catódico-, para lanzar una carrera discográfica espectacular, que un cuarto de siglo después la tiene como la única diva de la canción romántica chilena de renombre en el extranjero.

El viernes por la noche Myriam Hernández no solo repletó el Movistar arena, todavía una hazaña para un artista local, sino que demostró aquel fuego que jamás debe extinguirse para ser considerado un verdadero clásico: evidenció progresos. Hace cinco años asistir a un concierto con su nombre en la marquesina era un desafío a la paciencia. Hablaba más de la cuenta atentando contra la progresión dramática de todo espectáculo, y sus canciones exhibían grietas prematuras por un soporte musical avejentado. Myriam acusó recibo, puso término a una respetable relación con Horacio Saavedra, y renovó su propuesta.

Hoy su número refleja actualidad y no deja de ser noble, especie de gesto a la matriz, trabajar en directo con algunos hijos de los profesionales con quienes creció. Su director musical es el experimentado bajista Roberto Trujillo, nieto del gran Valentín Trujillo, mientras en batería figura el virtuoso Cristóbal Orozco, reputado músico de metal, hijo del baladista Cristóbal. La banda completa es la mejor de su carrera, capaz de rejuvenecer sin desdibujar la abultada lista de clásicos.

Para ahorrarse las peroratas, introdujo el concierto con un video donde explicó su filosofía musical romántica, y la relación con sus seguidores, audiencia popular mayoritariamente femenina. Luego, en el arranque de Ay amor, el escenario lució magnificencia, con generosas pantallas, luces y pirotecnia, los recursos acostumbrados cuando se venden millones de discos como es su caso. Si bien al comienzo abusó del recurso ahora-canten-ustedes, una manera de acomodar la garganta para canciones siempre exigentes de técnica, a la altura de Quién cuidará de mi, con un espectacular remate incluyendo número de baile con bombardeo de luces y redobles, el espectáculo era macizo y categórico.

El ritmo resultó vertiginoso para sus parámetros. A los 50 años, Myriam Hernández evidenció aprendizaje y mejoras. Acotó intervenciones, confirmó que cantando sigue siendo excepcional, y que sus éxitos, con los ropajes musicales adecuados, son ajenos al tiempo. Entre decenas, canciones como Mañana, No te he robado nada, Mío, Se me fue y Huele a peligro, son clásicos de la canción popular chilena, y vibraron en vivo como merecen.

Marcelo Contretas, crítico musical, Diario La Tercera (Chile)

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Publicado el 8 junio 2015 en Chile, Prensa, Tour 25 años. Añade a favoritos el enlace permanente. Deja un comentario.

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